Septiembre es un mes simbólico. Al colorido patrio del ondulante papel de china verde, blanco y colorado, que en escarolas sobre fachadas nos recuerda las fiestas de la Independencia, se unen sensaciones contrastantes de dolor y desconcierto, derivadas de otras efemérides, luctuosas éstas que nublan la mente, confunden, cierran los puños de rabia, como el 19 de septiembre, en la ciudad de México, cuando en 1985 la furia de la tierra sacudió las entrañas de la gran urbe; o el 11 de septiembre de 2001, cuando el luto de Nueva York conmovió al mundo occidental. Nuestra solidaridad con todas las víctimas de los septiembres.
Quiero referirme, expresando admiración a todos aquellos que sufrieron en el sismo de 1985, las múltiples repercusiones en nuestra ciudad.
Varias fisuras en la estrategia de desarrollo urbano del DF se evidenciaron con el sismo. La concentración de servicios estratégicos en una sola área; la violación de los ordenamientos de construcción, tanto en calidad de materiales como en zonas restringidas; la falta de una dinámica ágil de evacuación ante desastres, ¡tantos temas que quedaron al desnudo!
Dramáticamente, la negligencia y el contubernio también mostraron su rostro en cuanto a la aplicación de la legislación laboral, cuando centenares de mujeres costureras que trabajaban en condiciones deleznables, fueron atrapadas por los derrumbes.
Evidenciado por el sismo, y recurrente por la realidad, las condiciones laborales de los trabajadores y las mujeres trabajadoras en el Distrito Federal, es un asunto que no puede descuidarse en ningún momento.
De las múltiples repercusiones del sismo, destaco su incidencia en la nueva conformación política de la ciudad. La población afectada por el temblor, habiendo perdido vidas, bienes, empleos y constatado la lentitud de las autoridades para enfrentar la problemática con eficacia, reaccionó encarando la gravedad de manera directa: miles de rescatistas voluntarios acudían en auxilio de salvar vidas de entre los escombros; las personas apoyaban de manera espontánea en la conducción del tráfico; millares de gestos y actitudes de entrega y fraternidad humana que proyectaron la grandeza de nuestro pueblo. La población de la ciudad de México recuperó, de manera espontánea y ante la dimensión de la tragedia, de lo recóndito de su memoria, la capacidad colectiva de sus ancestros, la fuerza de la colectividad que realizó grandes hazañas, y esa recuperación de su memoria de quehacer colectivo, marcó un hito en su relación con las autoridades, y se inició una nueva etapa en las relaciones con el poder en la ciudad de México.
Era obvio que surgiría un nuevo orden político después de una herida tan profunda.
Sin embargo, tenemos que preguntarnos si la evolución de lo que primero fue una eclosión de la colectividad pudo madurar al paso del tiempo en un gran proceso de participación ciudadana, o las viejas formas de control y cooptación reaparecieron, con nuevos rostros y con nuevas siglas.
Habría que preguntarse si tragedias de otras proporciones, pero muy graves ante la pérdida de vidas humanas, como las sucedidas a sendas discotecas donde han perecido jóvenes, no reclaman también una revisión total del cumplimiento de los ordenamientos de protección civil por parte de todos los sitios de espectáculos y convivencia, por parte de todos los “antros”.
Habría que ver si no se dispararon las licencias de construcción en áreas restringidas, y si la crisis del agua que evidencia la incapacidad de previsión y la confusión de prioridades en el presupuesto de la ciudad de los últimos años, no es una manifestación más de que las cuestiones de fondo no se están abordando, y pueden devenir en catástrofes.
La ciudad de México sufrió en 1985 una tragedia que sacudió con inusitada crueldad nuestra amada capital. Herida que no ha sanado del todo.
Ojalá Tezcatlipoca no vuelva a mostrarnos sus fauces sangrientas.
Beatriz Elena Paredes Rangel (Tizatlán, Tlaxcala, 18 de agosto de 1953). Cursó estudios de Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México, inició su carrera política a los 21 años de edad, al ser electa Diputada al Congreso de Tlaxcala entre 1974 y 1977, posteriormente fue Diputada Federal, llegando a presidir la Cámara de Diputados y a responder uno de los informes de gobierno de José López Portillo...