No olvidar Haití PDF Imprimir E-mail

El universal. 22 de febrero de 2010.


Después del terremoto del 12 de enero, que golpeó despiadadamente a la República de Haití, y sacudió a la opinión pública internacional, tuve la impronta de escribir sobre la isla, y expresar públicamente mi solidaridad con la población de ese país, latinoamericano y caribeño. Decidí, sin embargo, retomar el tema de Haití, unas semanas después de la catástrofe, cuando el impacto noticioso ha disminuido, y me parece pertinente insistir en la importancia de la cooperación internacional como una decisión de la comunidad de naciones, y especialmente de los países ricos, que sea perdurable y no responda solamente a una coyuntura derivada de una emergencia climática o a la gravísima tragedia resultante de una catástrofe natural de tal magnitud.

Ahora, que los Jefes de Estado de América Latina y el Caribe se reúnen en Quintana Roo, rostro maravilloso del Caribe mexicano, es oportuno insistir en el compromiso de apoyo a Haití, y saludar la expresión solidaria de los países de la región y de las organizaciones humanitarias que han enviado recursos indispensables para enfrentar la emergencia. Mención especial merece el Sistema de Naciones Unidas, que ha desplegado un importante esfuerzo de convocatoria y asistencia técnica, no obstante haber sido profundamente afectado, por los decesos de varios profesionales trabajadores de ONU acaecidos en el sismo.

Una estrategia de apoyo estructural para la recuperación de Haití, y para propiciar e impulsar nuevas bases para su desarrollo independiente, parte necesariamente de reconocer que las dificultades del país y de su población no se originaron ni se contienen en el sismo, sino que son estructurales y se corresponden a una dolorosa historia de coloniaje, sobreexplotación y dictadura, que ha llevado a que los datos sobre el nivel socioeconómico de su población fuesen de un 80% en pobreza, esto, antes del impacto del terremoto.

Por eso es indispensable que el apoyo no sea un asunto de “buenas conciencias” por una sola vez, o una estrategia geopolítica para insistir en áreas de influencia de alguno de los países con mayores recursos. Dado que la desgracia llamó la atención de la comunidad internacional, y de organismos multilaterales, esta dolorosa circunstancia debe provocar un diseño de cooperación y financiamiento de corto, mediano y largo plazo para generar condiciones de viabilidad para el desarrollo de Haití, con pleno respeto a la soberanía y autodeterminación de su sociedad e instituciones.

Tengo esperanzas, que en la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, los Jefes de Estado, ratifiquen su voluntad de colaboración bilateral y adquieran compromisos de carácter regional que favorezcan la construcción de nuevos escenarios para el país.

Hace más de tres décadas, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, un destacado Maestro, Gerard Pierre Charles, nos imbuyó a muchos de sus alumnos el dolor por su patria, expoliada y ensangrentada por una historia de esclavismo y desventura. A la hazaña de un puñado de independentistas que llevaron a cabo su lucha de liberación en 1804, siendo el primer país de la región en proclamar su Independencia y en intentar un primer gobierno propio, siguió una dramática historia que llevó paulatinamente al país a encontrarse en la situación en la que una desgracia natural, sucedida en enero de 2010, llevó a que el mundo pensara en ese pequeño gran país, el del creol y los pintores naifs, el de las legendarias maderas preciosas, el del horror de los tontons-macoutes.

Los mexicanos podemos hacer mucho por y con el pueblo de Haití, y el cúmulo de iniciativas para captar donativos civiles reflejan la disposición de nuestra sociedad. El Gobierno también ha participado activamente. Es hora de que viejos y nuevos vínculos se multipliquen, Haití necesita de todos los países del orbe pero corresponde a sus vecinos elevar la voz para que la comunidad internacional acompañe la recuperación de esta nación.

Ahora, que nos llenamos de discursos y festones en las conmemoraciones de las independencias latinoamericanas, hacer algo trascendente y perdurable por Haití será la mejor forma de honrar la lucha permanente de ese pueblo por la libertad.

Presidenta nacional del PRI

 

Biografía

Beatriz Elena Paredes Rangel (Tizatlán, Tlaxcala, 18 de agosto de 1953). Cursó estudios de Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México, inició su carrera política a los 21 años de edad, al ser electa Diputada al Congreso de Tlaxcala entre 1974 y 1977, posteriormente fue Diputada Federal, llegando a presidir la Cámara de Diputados y a responder uno de los informes de gobierno de José López Portillo...
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