Agraristas PDF Imprimir E-mail

El universal. 5 de abril de 2010.


El 10 de abril se conmemora un aniversario más de la muerte del general Emiliano Zapata. Él es un héroe social que trascendió en el tiempo y rebasó las fronteras de nuestro país. El zapatismo, además de su importancia medular en la vertiente agraria de la Revolución, que se proyectó en el texto del artículo 27 constitucional y que generó el proceso de redistribución de la tierra más importante del continente americano, tuvo una enorme influencia en otros ámbitos de la vida nacional: en la cultura y en la movilidad social. Ejidos y comunidades indígenas, surgidos del reparto agrario, o ratificadas en sus bienes comunales, han sido espacio de recreación y lucha de millones de hombres y mujeres del campo mexicano. “Tierra y Libertad”; “la tierra debe ser para quien la trabaja”, conceptos y lemas del zapatismo de principios del siglo XX, fueron consignas que animaron los movimientos reivindicatorios de miles de peones acasillados y jornaleros que durante años exigieron justicia agraria.

Ahora, en el inicio del siglo XXI, cuando la situación social en el campo mexicano se encuentra severamente deteriorada, y el resultado de políticas agrarias, agrícolas y financieras contradictorias, aplicadas durante varios lustros, asoman sus consecuencias, es momento de hacer una revisión de las medidas que es indispensable poner en marcha para que ejidos y comunidades del país, todavía existentes, se vuelvan realmente un soporte de suficiencia económica para sus poseedores y para el abasto alimentario de México.

Muy pronto fue claro que la tierra era condición necesaria, sin embargo no suficiente, para la liberación campesina. El agua es un insumo crucial y hemos vivido políticas hidráulicas erráticas, que no cuidan los recursos existentes ni racionalizan su aprovechamiento.

Fue obvio, también, que el valor de los productos agropecuarios es lo que hace que el trabajo agrícola sea rentable. El golpeo constante al sector primario —insumos caros y precios bajos—, y la eliminación indiscriminada de aranceles de importación en perjuicio de los productores locales, ha sido otra desviación dañina para el sector productivo agropecuario nacional.

El rentismo ejidal, y el hecho que zonas ejidales colindantes a grandes centros urbanos, necesarias para la expansión de las ciudades, hayan entrado a procesos de invasión y/o compra-venta irregulares, y no a una estrategia de creación de inmobiliarias ejidales, como lo preveía la Ley, que fomentara el que los ejidatarios se beneficiaran legítima y equitativamente de la nueva realidad, nos evidencia uno de los muchos problemas por los que atraviesa en la actualidad el mundo ejidal.

Y los ejidos en costas de gran atractivo turístico, donde la posibilidad de compra-venta ha permitido muchos abusos; no existe una política consistente que propicie el pago justo a los ejidatarios o bien, la creación de empresas mixtas donde los ejidatarios puedan ser accionistas o quedarse con superficie del ejido que les permita capitalizarse en el largo plazo, ellos y sus familias. Existen excepciones positivas en las que los ejidatarios han sabido negociar teniendo información y fuerza, y exigiendo respeto a sus derechos y transacciones legales y justas. Pero muchos casos más son distintos, con abusos e influyentismo. Valdría la pena revisar en poder de quiénes se encuentra gran parte del litoral bajacaliforniano, que fue distribuido como ejido a los valientes ejidatarios norteños que se trasladaron hacia allá cuando eran zonas inhóspitas, y ahora muchos extranjeros se han establecido, sin que sea transparente su situación jurídica.

Propuso este gobierno la desaparición de la Secretaría de la Reforma Agraria.

Muchas voces se levantaron reclamando su permanencia. En un campo mexicano de migrantes, con pueblos de ancianos, mujeres y niños; con zonas lamentablemente involucradas en actividades ilícitas, en un país donde la prioridad alimentaria es una premisa a satisfacer, en bien de la sociedad en general, parecería que la existencia de una institución como esa tuviera que ver con que no se distorsione la propiedad social ni se cometan abusos sobre los ejidatarios; y con la decisión, que requiere de un liderazgo institucional, de lograr que todas las parcelas ejidales con condiciones de viabilidad productiva, se incorporen eficazmente a la producción, en beneficio de sus titulares y de México. En memoria de Zapata.

Presidenta nacional del PRI

Biografía

Beatriz Elena Paredes Rangel (Tizatlán, Tlaxcala, 18 de agosto de 1953). Cursó estudios de Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México, inició su carrera política a los 21 años de edad, al ser electa Diputada al Congreso de Tlaxcala entre 1974 y 1977, posteriormente fue Diputada Federal, llegando a presidir la Cámara de Diputados y a responder uno de los informes de gobierno de José López Portillo...
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