El universal. 12 de julio de 2010.
Hay muchas cosas que aprender de la elección del 4 de julio de 2010; abordo un tema.
Elecciones federales del 2000, el candidato del PRI fue derrotado, y con civilidad democrática reconoció el triunfo de su adversario; elecciones del 2006, Felipe Calderón, del PAN, gana por 0.56% la Presidencia de la República; rechazo de los resultados por parte del candidato de la Coalición Por el Bien de Todos (PRD-CONV-PT) que se declara "Presidente Legítimo", situación que pone en tensión al país, (en esa elección el PRI queda en tercer lugar).
A partir de 2007, el PRI tiene un repunte importante. Empieza recuperando Yucatán, y en las elecciones locales de 2007 y 2008, es la primera fuerza electoral; consolida su alianza con el PVEM, con quien comparte definiciones programáticas; el PRI obtiene una significativa victoria en la elección federal de 2009, logrando, con los escaños propios y los que alcanza el PVEM, la mayoría en la Cámara baja.
En ese marco es que el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática deciden constituir algunas alianzas.
¿Cuáles son los motivos de la crítica a estas alianzas que, desde mi perspectiva, son válidos?
PRIMERO.- La desnaturalización del régimen de partidos.
El que dos partidos antagónicos, con posiciones ideológicas tan distintas y encontradas, y absolutamente confrontados hace tan breve tiempo, participen juntos desfonda el valor de las ideologías, y pone en duda si la política es un tema de principios y de proyectos, o de ambiciones.
SEGUNDO.- La evidencia de escasez de cuadros propios con densidad competitiva; el hecho de que en las alianzas PAN-PRD postularan, en la mayoría de los casos, a expriístas, abunda en este desdibujamiento de los proyectos ideológicos, y en algunos casos, da cauce de confrontación electoral, con otras siglas, a rencillas intrapriístas.
TERCERO.- Una consigna antidemocrática harto peligrosa. El antipriísmo como causa del quehacer político. Si cada vez que el PRI repunta, y se convierte en primera fuerza, las fuerzas políticas que han sido derrotadas se alían, parecería que es la negación lo que motiva su participación.
La estrategia de confrontar a partir de la negación, acompañada de la táctica de la guerra sucia y las descalificaciones como eje, ponen en riesgo la convivencia democrática y la normalidad democrática en el país, al "sobrecalentar", por los procesos electorales, las relaciones políticas del todo. Es incomprensible como táctica de un partido en el gobierno.
CUARTO.- La aceptación, para su posterior postulación, de precandidatos de otros partidos que no fueron postulados por sus partidos de origen. Aunque cada caso corresponde a una realidad específica, lo cierto es que esta práctica de transfuguismo partidario debilita el régimen de partidos. Desde luego, los partidos tendrán que revisar por qué tienen deserciones.
QUINTO.- El riesgo de que, si la militancia partidista no es óbice, para lograr una candidatura, se dé una especie de "puja" por precandidatos, en detrimento de la profesionalización y la consistencia de la política.
Con exaltación, ideólogos y operadores de la alianza PAN-PRD han proclamado el éxito de esa estrategia. Es necesario preguntarse si la alianza fue el factor definitivo en los triunfos que obtuvieron, o fueron otros los elementos fundamentales. Habrá que esperar la actuación de las instancias jurisdiccionales, que analizarán los recursos que legalmente se interpongan. Lo cierto, es que en las elecciones de las doce gubernaturas que estuvieron en disputa, el PRI-PVEM obtuvo alrededor del 50% de la votación emitida; en nueve entidades federativas gobernarán los candidatos priístas, ganadores, por la alianza PRI-PVEM y en los otros tres, si los litigios legales no indican otra cosa, gobernarán 3 expriístas.
Vaya costo para el auténtico panismo; y para la historia de la lucha social de la izquierda mexicana, que por esta coyuntura oportunista, echa por la borda décadas de legítima lucha por reivindicaciones sociales, subordinándose a la derecha.
Presidenta nacional del PRI